sábado, 14 de enero de 2012

Sonia Betancort escribe sobre ZURITA

En el blog de Sonia Betancort se puede leer su artículo sobre ZURITA, el nuevo libro de Raúl Zurita, donde se detiene en Cuadernos de guerra, uno de los libros que adelanta material de la edición definitiva y que es el que está disponible en España.

Sonia Betancort: "Raúl Zurita: La epopeya se escribe con sueño y vigilia" en
Cuadernos Hispanoamericanos (diciembre, 2011), 738, pp. 71-76.

sábado, 7 de enero de 2012

Todo poeta es una isla. Entrevista a José Kozer





En este video, la directora de la Capilla Alfonsina, Minerva Margarita Villarreal, entrevista al poeta cubano José Kozer, a quien identifica como una especie de Lope de Vega contemporáneo, como una figura que da marco a un nuevo siglo de oro en la literatura. El poeta habla aquí de su abordaje poético de la muerte, un tópico que lo ha perseguido y que tal vez sintetizaría en estos versos de su poema "la muerte se disfraza de muerte": la muerte nunca nació ─aunque, admite, existe un miedo hacia ella; miedo ante el que la poesía se erigirá como una tentativa de "salud ante el escándalo de la muerte". Kozer nos habla de la labor del poeta como un oficio de hormiga o araña hilandera; esto le da ocasión para recordar a sus padres (ambos sastres y tejedores, uno de oficio, la otra de afición), a quienes reconoce como marcas simbólicas en su asunción por la escritura. Kozer habla también de la expatriación; asume que su salida de Cuba hacia los EEUU le generó una parálisis escritural ante el alejamiento de su idioma, pues, como consigna Kozer: el poeta está condenado a su lengua materna. El poeta nos cuenta aquí de su frustración, de su abandono de la escritura y de cómo paradójicamente el alcohol lo salvó, pues lo puso de nuevo en contacto con el lenguaje que, nos dice, llevaba atorado en el plexo. Al fin, trascendiendo lugares comunes de pertenencia, Kozer concibe la suya como una ciudadanía universal: yo soy chileno porque soy japonés y soy japonés porque soy judío. Para terminar la entrevista, Villarreal y Kozer discurren brevemente sobre algunas particularidades formales en la escritura del poeta, quien reconoce su uso abundante de paréntesis como un peaje simultáneo, imagen con la que él mismo resume su poesía toda.



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martes, 13 de diciembre de 2011

Eva Chinchilla lee en La huelga, miércoles 14/12/11

Eva Chinchilla
"Desconocer"
XII convocatoria de
El ojo en la cerradura
Miércoles 14 de diciembre de 2011, 21hrs. Bar La huelga, c/ Zurita 39.
ciclo mensual de poesía que se propone arrojar luz sobre el microcosmos íntimo y creativo que se esconde detrás del trabajo de la poeta invitadaCoordinado por el colectivo de poesía Lavarca Ebria
Eva Chinchilla ha publicado verbo rea (2003) y participado en antologías como Hilanderas (Amargord, 2006) y Diosloscría(plaquette no venal, 2008). años abisinios es su segundo poemario. Forma parte del consejo editorial de la revista de poesía Nayagua que edita la Fundación Centro de Poesía José Hierro y de Ophelia, revista de teatro y otras artes. Desde 2002 prueba y disfruta –siempre en colaboración con otros artistas y a menudo bajo el sobrenombre de evachin– con el vínculo entre poesía y otras artes. Es integrante de ZCTZ, zírculo inestable de tiza. Combina escritura con algo parecido a la docencia: talleres de poesía, escritura creativa, arte y palabra. Nació en Madrid (1971).

jueves, 8 de diciembre de 2011

Reseña de El Camino Ullán de Eduardo Milán




Reproducimos aquí la reseña que ha escrito el poeta Jorge Olivera, autor de Kayac y otros poemas, sobre El camino Ullán seguido de Durante de Eduardo Milán y que ha sido publicada originalmente en la Revista de Cultura Latinoamericana GUARAGUAO #37, otoño 2011.
En este número también se incluyen una nueva traducción de Haroldo de Campos y poemas inéditos de Andrés Fisher, autor de Series, poesía reunida, y un estudio sobre la situación de los poetas latinoamericanos en España por Benito del Pliego, constante colaborador de la colección Transatlántica y autor del recientemente aparecido Índice junto al artista chileno Pedro Núñez.



El lector es un sabueso de la lectura
Jorge Olivera

Dos aspectos en apariencia contradictorios cifran esta lectura crítica del libro El camino Ullán. El primero de ellos y quizás el más conocido es el que sitúa a Eduardo Milán (Rivera, Uruguay, 1952) como poeta dentro de la tradición hispanoamericana; el segundo es la escasa acogida que su obra ha suscitado en el conjunto de la crítica académica. La primera cuestión reviste aristas contradictorias en el sentido de que, pese a la obra escrita, a su contundencia y a su trayectoria, Milán es escasamente conocido fuera del círculo de los lectores de poesía. El segundo punto tiene relación con la escasa atención crítica que existe en relación a su obra y que se relaciona con el primer aspecto. Digo que son en apariencia contradictorios porque pese a que Milán es un poeta conocido es también un desconocido para muchos. Ese desconocimiento quizás radica en una incomprensión básica de la cual parte su poesía: se trata de una poesía de pasajes que buscan su lugar en la lengua.
El camino Ullán es un homenaje y una devoción (al poeta español José Miguel Ullán, fallecido en 2009), un agradecimiento y un reconocimiento, pero es también, una poética posible dentro de la gran variedad de opciones en la poesía contemporánea. El libro sigue la huella de aquellos que, como el autor, buscan esta senda de la poesía contemporánea: un discurso poético que revisa la meta escritura de sí misma y que apela a un cuidado formal. Se trata de una poesía que exige un trabajo sobre la lengua, un seguimiento de cerca de aquellos aspectos que hacen al texto relevante y que le dan una identidad propia. No puede decirse que sea una poesía formal en sentido estricto sino que el cuidado formal (en la lengua, en el fraseo, en los cortes) es la manera adecuada de comunicar. Por tanto, la condición básica de esta poesía parte de un desafío al lector: entrar en ese nivel de lengua que se construye dentro del poema como un mundo propio, autorreferencial por momentos, pero nunca desvinculado de su referente lejano.
Milán escribe desde un lugar que no está y sólo es lengua. El lugar en la poesía de Milán es la lengua, es decir, lo que uno es, o lo que se quedó allá lejos, en la frontera entre Uruguay y Brasil. Este tema aparece en el primer texto del libro: “sauce del bueno”, “intenso cuando llueve sobre el campo/ huele a conocido”, “olor donde ninguna fecha pastorea” (17) dice Milán, y son expresiones propias de aquel lugar. De esta manera la poesía hace anclaje en la identidad que desgrana ese lenguaje como “sauce del bueno” o la expresión, “huele a conocido”. La poesía para Milán es también el olor de la palabra, la que fue, no la que es ahora, porque Milán habla desde ese lugar de la lengua donde se inició todo, allí en un pueblo de la frontera: Rivera-Livramento o el rastro de Tacuarembó.
La lengua permea el discurso poético y entra en el significante primero y después en el significado para conectar con otro lugar, también de la lengua, el que marca el camino Ullán, poético éste: una huella a seguir. Este verso, esta meta escritura, este darse vuelta sobre sí misma, es la voz de Milán: “señales indican que la obra tiende a borrar su origen, afirmarlo/ cuando lo borra/ borra el fondo de la taza” (17). Borrar el origen y afirmarlo: se trata de vivir en esta dicotomía que es parte de la poesía de Milán. Pero también es una forma de conectarlo con el otro origen, el de su línea poética (Mallarmé, Vallejo, Paz) y los otros que como él borran y afirman en el lenguaje: se encuentran en él (Joyce). Esta huella que sigue la obra es la mancha que desde el “origen sigue a la obra por su destino” (17).
La poesía para Milán requiere una lectura asociativa: la verdadera construcción de un paradigma lingüístico, o lo que él sostiene en otro texto: “un poema siempre es un pasaje. Un pasaje donde siempre aparece el cruce de caminos” (Un ensayo sobre poesía, 12). Es este estado de suspensión en el que el poema conecta con el lector donde se encuentra el lugar de la lengua, del poema: “En la jerga actual, la del habla, no la del suelo/ todo se simplifica: no hay obra/ ese punto que se fija, momentáneo, inquieto por el tiempo/ no se pone en movimiento por el tiempo, a través hasta encontrarte a ti” (18). La dificultad se encuentra en cómo entrar en ese lugar del habla, de la lengua, del lugar de la memoria. Entrar en la poesía del poeta uruguayo es una búsqueda de los pasajes (idea ya sugerida por el autor en el ensayo mencionado): se trataría de buscar los conductos de intersección donde se cruzan los caminos para entrar en la suspensión ideal que el poema suscita.
La lengua es origen y es la forma de construir la “querencia”, lo que no se tiene, la orfandad de lo perdido que es sólo memoria. Por otro lado, también el yo es el sabueso que rastrea la huella del otro, en el camino Ullán. Es el perro que rastrea, escribe, decodifica y somos con él, seguimos la huella de la pesquisa tras el perro: “el afecto que en su falta aúlla” (22), “uno de los tantos que hoy aúlla/yo, efecto de coyote” (22). Todo esto conduce al lector a ese lugar que deviene a través de la lengua: “No sacar de la voz sino cavas en la voz, la dejas en oculta/ medianoche a campo abierto, luna sobre esqueleto de vaca” (23).
El camino Ullán es también un agradecimiento y una poderosa herramienta de rememoración, un casi intangible ubi sunt de agradecimiento al poeta español. La huella se expande por la página para que el sabueso/lector sepa, conozca y pueda seguir el rastro: “no se degrada nada en la palabra” (25), “sin fundar una comunidad que necesita leyes, latas, palenque” (25), “alma de seda en cuerpo de arpillera/ lo demás, alpargata” (24), palabras con sema propio que conducen el olfato de la lectura: la consonancia del sonido que llega y se hace consonancia del sentido de la palabra.
Si hasta el momento el poemario es un rastreo de meta escritura, una elíptica de ese cruce de caminos que nos conduce a la lengua de origen, en otro momento la realidad y las noticias llegan al verso: Obama, la peste porcina, la gripe y ahí el texto late en otro ritmo para marcar la pauta y mostrar cómo hablar de ciertas cosas en poesía: porque la última frontera también es el lenguaje para decir lo que no es: una manera de resistencia. Pero esta conciencia del yo, esta distancia lírica con las cosas también está en la meta reflexión: “mientras esté oliendo artístico/ huele a huevo fuera de tiempo” (36). Ahí el poema baja a tierra, fotografía la realidad para trasvasarla a la lengua, a la línea del poema. Esto también es el camino Ullán, la herencia del poeta español. Se trata de una toma de posición política acerca de los asuntos humanos que trasvasan en la poesía. Esta visión queda plasmada en Durante: el poemario que sigue al “camino Ullán”. En este caso la línea del presente es un camino evocador, una constatación del verbo resistir llevado a la plenitud. Es también el ruido de fondo de El camino Ullán. Para el sabueso lector diría que es el paisaje de la memoria que acompaña el otro camino (funciona como un cuaderno de notas poéticas a la creación del otro texto). Los versos funcionan como un coro griego que transfiere otra mirada, otros caminos durante el acto de suspensión que el acto de creación poética conlleva. La pista está en el propio texto, cuando Ullán se mete entre la línea: “una cosa es la excepción de uno entre sus pares –José-Miguel/ otra es la excepción de una especie ante sí misma” (58). Es una forma de volver al presente desde la querencia.
En la poesía de Milán parece quedar en evidencia como en ningún otro caso la figura de una lengua que es muchas y es una, pero es también el devenir de quien está fuera del país (Uruguay) o está fuera del país estando dentro (México). Ubicado fuera, o mirando desde fuera, en el presente sólo la narración de lo real es factible de convertirse en grafía poética: una delimitación que también es un territorio literario. Si Durante es el durante la escritura del camino Ullán, resulta clave entender que esta soledad del poema significa también el no estar solos en la poesía: “nunca estamos solos como creemos/ a pie juntillas, tal vez no, a pocos pasos” (69). Pero escribir y desde esta perspectiva leer esta poesía, requiere de un interlocutor, un sabueso que descifre en el olfato de la letra (el código), lo que la grafía construye con esmero, la interlocución con otros: “[…] nosotros ustedes/ acompañantes, por lo pronto, en tránsito/ siempre del cordón a lo acordado, nada/ allí donde han ido mis amigos, últimos poetas/ en primer lugar José-Miguel, Salvador Puig” (69). No puedo dejar de pensar en la relación también lírica que puede existir en este territorio con la obra del poeta uruguayo Juan Carlos Macedo y sus libros titulados: Durar (I, II y III). También allí hay una querencia, un lugar de la lengua hacia el cual apunta el libro.
Quizás sean estos aspectos señalados, esta aparente oscuridad en la construcción poética, lo que restringe el acceso a una poesía que debe atenderse con más cuidado. Milán propone un lector (al cual hemos denominado sabueso) que debe decodificar estos pasajes de conexión que el texto construye. Se trata de un rastreo necesario para entrar a esta lengua trabada, este fraseo que evoca la memoria y que construye las ausencias como soportes de lo simbólico.

martes, 6 de diciembre de 2011

Se estrena composición de Sergio Blardony basada en poemas de José Luis Gómez Toré


Se estrena en el Auditorio Nacional la composición de Sergio Blardony basada en poemas de José Luis Gómez Toré prublicados en el libro Claroscuro del bosque en colaboración con la artista Marta Azparren.

Festival de Música Contemporánea de Madrid, (CoMa'11)
Trece años de música de vanguardia

13 de diciembre. 19'30 h.

Auditorio Nacional de música, c/ Príncipe de Vergara, 146


Andrés Salado dirigirá a la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid en la fiesta de la música contemporánea madrileña. El concierto se abre con una obra de estreno para recitación, orquesta y electrónica, con textos del poeta José Luis Gómez Toré*, Paul Celan y Martin Heidegger, de Sergio Blardony. Continúa con una composición de Valentín Ruiz y tres estrenos más, de Juan Carlos Cuello, Álvaro Guijarro y una pieza con reminiscencias poéticas de Eduardo Lorenzo.





*Texto basado en el libro Claroscuro del bosque de Marta Azparren y José Luis Gómez Toré (Ed. Amargord).

jueves, 1 de diciembre de 2011

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Nueva reseña de Series de Andrés Fisher por María Clemencia Sánchez






La poeta y ensayista colombiana María Clemencia Sánchez acaba de publicar una excelente reseña de Series de Andrés Fisher donde despliega varios ejes de lectura y lo sitúa en un contexto americano. ¡Gracias!
Se puede descargar en PDF aquí y reproducimos el texto a continuación:


Series es el último libro de Andrés Fisher, que a manera de antología recoge su obra poética en algo más de diez años. Entre su primer libro Ocularmente ávido (1992) y los sucesivos -Composiciones, escenas y estructuras (1997), Hielo (2000) y Relación (2008) -la sugerencia de un mundo rigurosamente construido, de series calculadamente puestas, de secuencias simétricas que buscan anclar la palabra en un puerto seguro, hablan ya de un anhelo de pertenencia o las tentaciones de la tradición. La serie, como su definición lo indica, extiende por semejanza un territorio semántico común. Dentro de una serie, diríamos, un mismo elemento se desplaza variando un tono, una perspectiva, un acento, pero no un fondo. Ese leitmotiv de la obra poética de Fisher rastrea con fervor y meditada contención las voces dispersas de la lengua española, que a él – americano de nacimiento – le viene como lengua materna por una niñez y juventud en Chile y por un azar no develado en su poesía que lo ata afectivamente a España. Ese mundo interior interrumpido de paisajes australes y un presente en su país de nacimiento, fundan un territorio imaginario que limita en sus palabras con la España del Mío Cid, Machado y Gamoneda. Pero también Kerouac y Haroldo de Campos. La inocultable referencia a Castilla, verbi gracia, en la serie de poemas de brevísimo aliento ya es el eco de un Machado rescrito en los poemas de Fisher, como en la serie titulada “Castilla”: “Detrás, las montañas enseñan su perfil de roca./ (…) Arriba, nubes poderosas surcando el cielo de Castilla.” (39)
Si bien la marca de un mundo vasto y universal impregna el tono general de su obra, es ese otro mundo escrito en lenguas distintas a la española, quien viene a replegarse por extensión a ese mundo central de honda raíz en la lengua propia que en su poética le viene desde Alonso de Ercilla hasta Borges, digamos. Es su manera de españolizar el haikú, su manera de pronunciar a Basho o a Kerouac en la lengua de Góngora. Más que reducir este proceso combinatorio al manido argumento de la posmodernidad en la que-todo-cabe, lo que habría que decir en el caso de Andrés Fisher es que su poética intenta ordenar con rigor sus lecturas, sus paisajes internos y sus tentaciones de inscribirse en la tradición de la poesía hispanoamericana, esa que va desde nuestros primeros cronistas y el venerable Cid, pasando por Machado, hasta el agudo Gamoneda y el insoslayable Borges. Clasificar es ordenar el mundo, decía el autor de Fervor de Buenos Aires, y es allí donde veo las series, el orden interno que en medio de un mundo fracturado, Fisher quiere ordenar.


LA NOCHE AMERICANA


i. Un día los vestigios fueron carne. Entre los restos

de hierro y hormigón fluía la energía como un dinamo

de cables centelleantes. (…)



iii. Los restos del futuro aun tienen carne. (23)



lxvi. Leo el sutra del

Diamante: Jack Kerouac es

mi boddhisattva. (103)



En este libro de reposo, en el que una década de poesía intenta poner los pies en los puertos de su tradición, la musicalidad interrumpida – ella también – da cuenta de un tono que se aleja de las rítmicas cantinelas modernistas. Aquí duerme en paz la voz de Darío y sus exactos quioscos de Malaquita. Fisher se ha desprendido de ese vasto tono de precisión métrica para dar lugar a un poema escarpado y asceta por decir lo menos, en el que el rigor de la imagen limpia contiene todo desborde emocional y retórico. Casi epigramas, los poemas de Fisher apenas si levantan el aliento cuando ya la imagen ha cesado, dejando un temblor suspenso, una realidad por hacerse ante el lector.


Cae la tarde:

se endurece la nieve

en el camino. (97)


Series conecta un mundo cercano con uno leído. La lectura que se hace relectura, rescritura de lo leído, el héroe que en el poema vuelve a tener una segunda redención, Homero en la pupila de su rapsoda moderno. La serie por contigüidad da al muro del libro que siempre vuelve a comenzar en el poema. Fisher es un lector que vuelve a sus lecturas para dialogar con lo leído. Ese mundo que casi se toca, ese mundo borgiano del que su poesía no teme dar cuenta.


VARIACIONES SOBRE UN POEMA DE GUADALUPE GRANDE: LA CENIZA O LA IMPOSIBILIDAD DEL OLVIDO

i. No existe el olvido ni es posible expurgar la

Memoria de las palabras de piedra. (75)



El diálogo dentro del poema con otro poema no es precisamente un descubrimiento de Fisher pero si la manera en que lo hace: el nuevo poema - su poema es una serie, una continuidad del poema con el que dialoga. Su mérito está en dar lugar a la serie de poemas al infinito a partir de un único poema, volviendo en su sentido más ontológico a los versos homéricos o al sueño totalizador del Aleph.


VARIACIONES SOBRE UN POEMA DE JUAN CARLOS MESTRE: ELOGIO DE LA PALABRA (PRONUNCIADA ANTE EL VACIO)


i.

Una multitud que no existe contempla a la palabra y

su evolución ante el vacío. (70)



Series de Andrés Fisher es sin duda un libro de enigma que debe leerse y releerse con la consciencia de quien está abriendo una puerta tras la puerta, tras otra puerta. Las fronteras de estos poemas son ellos mismos y las voces que transitan desde la memoria, la lectura, el presente y el desenfado ante un mundo que se ignora entre su sombra.